La obesidad como enfermedad crónica
La obesidad se define por la OMS (Organización Mundial de la Salud) y por distintas sociedades médicas como una enfermedad crónica, compleja y multifactorial. Dado que no tiene cura definitiva, su tratamiento es a largo plazo, de forma similar a la hipertensión o la diabetes tipo 2. Debido a que se produce por múltiples razones, debe ser tratada por un equipo multidisciplinar especializado.
Los medicamentos inyectables usados actualmente en España (análogos de GLP-1 cuyo nombre comercial depende de la molécula: Saxenda, Ozempic, Wegovy y el agonista dual Mounjaro) actúan sobre mecanismos hormonales y cerebrales que regulan el apetito y el metabolismo mientras se usan. No «curan» la obesidad, sino que facilitan la pérdida de peso y con ello mejoran muchas comorbilidades mientras están activos en tu cuerpo.
Si has experimentado los efectos positivos de estos medicamentos inyectables como Ozempic (su uso en España es exclusivo para paciente con diabetes más obesidad), Saxenda, Wegovy, Mounjaro, es probable que hayas logrado una pérdida de peso significativa con las consiguientes mejoras en tu salud, como una mejor presión arterial o niveles de glucosa controlados, entre otros beneficios.
Estos fármacos han marcado un antes y un después en el manejo de la obesidad y han llegado para quedarse, ofreciendo una alternativa eficaz y necesaria. Es por ello que su uso debe estar supervisado por un equipo experto en manejo de sobrepeso y obesidad.
Sin embargo, es fundamental que hablemos con total transparencia sobre lo que ocurre cuando se interrumpe este tratamiento. ¿Es verdad el «efecto rebote»?
La respuesta corta es sí, pero no se trata de un «rebote» en el sentido de un castigo por un mal comportamiento, sino de la naturaleza de la propia enfermedad que se inclina siempre hacia el aumento de peso.
¿Qué pasa al dejar la medicación?
Si la obesidad es una enfermedad crónica que requiere un manejo continuo, el cese del tratamiento farmacológico sin un plan de apoyo nutricional y de actividad física permanente inevitablemente conducirá a la recuperación del peso.
Los estudios clínicos y la práctica médica confirman esta tendencia: al dejar la medicación, la mayoría de las personas tienden a recuperar el peso perdido.
¿Por qué sucede esto?
La predisposición de una persona con obesidad es recuperar peso debido a factores genéticos, hormonales, psicológicos, ambientales, sociales, familiares y conductuales, que se mantienen presente incluso después de adelgazar.
Se describe la pérdida del efecto farmacológico: el medicamento ya no está ayudando a regular sus señales de hambre ni a ralentizar la digestión, y vuelve la sensación de apetito anterior al tratamiento.
No es un «efecto rebote» de la medicina, sino de la enfermedad: el peso vuelve porque la enfermedad crónica de la obesidad sigue presente.
El reto y el desafío real no es perder peso sino mantenerlo a largo plazo.
Los medicamentos son herramientas poderosas, pero la evidencia actual subraya que ninguna molécula por sí sola puede resolver una enfermedad tan compleja de forma permanente. El «reto de prevenir o controlar la ganancia de peso postratamiento sigue sin resolverse».
¿Cuál es la solución entonces?
La piedra angular del control de la obesidad sigue siendo un cambio integral y permanente en el estilo de vida (dieta mejorada y actividad física regular).
Adherencia a hábitos saludables: si durante el tratamiento con estos fármacos no se lograron establecer hábitos de alimentación duraderos y una rutina de ejercicio, la recuperación del peso vendrá «como una avalancha imparable».
Enfoque multidisciplinario: La mejor estrategia implica un equipo dedicado de profesionales de la salud (médicos endocrinólogos, nutricionistas, psicólogos, fisioterapeutas, psiquiatras, digestivos, neumólogos y personal de salud entrenado en el manejo de la obesidad) que colaboren no solo durante unos meses sino un acompañamiento durante toda la vida.
Por otro lado, es necesario saber cómo paciente que además de estos medicamentos, hay otras alternativas que se mantienen en el tiempo y han logrado ser eficaces en relación a la pérdida de peso. Estas opciones deben valorarse dependiendo del grado de obesidad y la relación de comorbilidades que tenga cada paciente.
Es muy importante conocer otras técnicas como la cirugía bariátrica, que ha comprobado ser eficaz en relación a mantener el peso perdido en el tiempo, y posee mucha evidencia científica que la respalda. De la misma manera, los procedimientos endoscópicos como el balón intragástrico y métodos endoscópicos de reducción de estómago – entre ellos el método Apollo– que a través de estudios han demostrado tener una respuesta positiva en la pérdida de peso. Con estas herramientas se espera poder ofrecer a los pacientes con obesidad, alternativas que ayuden a mejorar su condición y favorecer así su salud integral.
Conclusión
Con lo anteriormente descrito podemos concluir:
Estos fármacos han sido un paso importante en el camino del paciente con obesidad, pero no son la meta final. Si su médico decide interrumpir el uso de estos medicamentos (quizás por falta de datos a largo plazo sobre su seguridad crónica, que limita su uso a períodos indefinidos), la transición debe ser manejada con sumo cuidado.
El «efecto rebote» es una realidad biológica si no se toman medidas activas y continuas. El objetivo ahora es consolidar los hábitos adquiridos y seguir trabajando con su equipo multidisciplinar para mantener su salud a largo plazo. El tratamiento de la obesidad es un maratón, no un sprint, y requiere un manejo de por vida.
Dra. Leoniana Bustillos de Grimaldo
Especialista en Endocrinología y Nutrición de Clínica ServiDigest de Barcelona
Colegiada nº 61781 del CoMB


