El estrés y la alimentación

La relación entre el estrés y la alimentación es evidente.

Además de reducir la capacidad del estómago para producir la cantidad de ácido necesario para la correcta digestión de los alimentos, el estrés modifica negativamente nuestro patrón de alimentación, dado que en los momentos de angustia se producen dos tipos de respuesta relacionadas a la comida: aumentar la ingesta de alimentos o, al contrario, disminuir la cantidad.

La primera respuesta nos hace comer más y de manera más compulsiva, muchas veces sin apetito, ya que el estrés ignora la sensación de saciedad.

La disminución de cantidad de alimentos se debe a la sensación de náuseas o de tener el “estómago cerrado” que impide que aparezca la necesidad de comer.

Es habitual que las dos respuestas se den en la misma persona y en la misma etapa de estrés.

Para nuestro bienestar digestivo es fundamental cambiar la percepción que tenemos del momento de la comida, tomando algunas medidas que nos pueden ayudar a conseguir que el estrés no afecte a nuestra alimentación y la normalice:

Para tomar conciencia de las situaciones que nos impulsan a comer compulsivamente, es importante escribir las sensaciones previas a esas situaciones, la hora en la que se han producido, cuál ha sido el alimento elegido y en qué cantidad. Así podremos sacar conclusiones sobre que pensamientos nos lleva a ellas, en que franja horaria y que tipos de alimentos solemos utilizar como consuelo emocional.

Una vez hayamos identificado los motivos que nos conducen a estas situaciones de ingesta compulsiva, deberemos trabajar para gestionar la respuesta a estos pensamientos derivándolos a otras actividades que nos resulten menos negativas e incluso placenteras como por ejemplo, dar un paseo, salir a hacer deporte, llamar a un amigo…

Utilizando el registro que hemos hecho y que nos ha permitido identificar qué tipo de alimentos solemos consumir en esas situaciones, deberemos evitarlos en cualquiera de nuestros entornos habituales (laboral o doméstico).

Una vez hemos conseguido eliminar los momentos de ingesta emocional que producen la ansiedad, el estrés o la depresión, debemos avanzar otro paso para procurar conseguir un estado mental de calma y relajación durante las comidas: masticar bien, hacer una pausa entre bocado y bocado, observar la comida, intuir qué sabor tendrá el alimento y de qué manera te va a nutrir…

Consigamos que ese momento de atención en lo que estamos haciendo, comer, mejore nuestra actividad digestiva.