Lesiones quísticas del Páncreas

Un Quiste es una bolsa cerrada y rellena de líquido con una membrana propia que la rodea y que se desarrolla anormalmente en una estructura del cuerpo.

Los quistes del páncreas pueden ser benignos, potencialmente malignos o malignos. Son poco frecuentes, aunque cada vez se detectan más con las distintas pruebas de imagen abdominales.

El más frecuente es el Pseudoquiste pancreático, una acumulación localizada de líquido segregado por el páncreas, rodeada de una pared fibrosa, pero sin revestimiento de membrana propia, que se produce como complicación de una pancreatitis aguda o crónica, o tras un traumatismo (un golpe).

Menos frecuentes (10-15%) son los verdaderos Tumores quísticos pancreáticos.

Los principales tipos son el llamado Cistoadenoma seroso (benigno), el Cistoadenoma mucinoso (potencialmente maligno), el Tumor mucinoso papilar intraductal (TMPI, también potencialmente maligno, sobre todo el del tipo de rama principal), el Cistoadenocarcinoma mucinoso (maligno), el Tumor neuroendocrino quístico (potencialmente maligno) y el Tumor sólido pseudopapilar (bajo potencial de malignidad).

El tumor quístico más frecuente es el TMPI, una enfermedad que presenta lesiones de las células del conducto pancreático principal (conducto de Wirsung) y/o de alguna de sus ramas accesorias, de aspecto papilar y que producen moco. Esta secreción de moco en el conducto pancreático es la que da lugar a una dilatación quística.

En la mayoría de ocasiones el paciente no presenta ningún síntoma, diagnosticándose el quiste de forma casual durante la realización de alguna prueba de imagen. Si hay síntomas, pueden ser muy variados, siendo los más frecuentes el dolor en la parte alta del abdomen y los vómitos o piel amarilla (ictericia), secundarios a la compresión del quiste en otros órganos (estómago, duodeno, vías biliares…).

Algunas características pueden ayudar a diferenciar a los verdaderos tumores quísticos de los pseudoquistes pancreáticos. Los pacientes con tumores quísticos son con mayor frecuencia mujeres, sin enfermedades de interés y muchas veces sin síntomas. En cambio, en el pseudoquiste suele existir el antecedente de una pancreatitis aguda o crónica.

La confusión puede ocurrir sobre todo en el TPMI, ya que ocasionalmente puede presentar también una pancreatitis aguda e incluso diagnosticarse tras este episodio, así como síntomas sugestivos de pancreatitis crónica.

La analítica no suele ser útil en el diagnóstico del tipo de quiste, a diferencia de las distintas pruebas de imagen, que pueden visualizar una lesión quística de cierto tamaño, de paredes finas o gruesas, con una o varias cavidades (uni- o multiloculada), con/sin dilatación del conducto pancreático principal y con/sin comunicación con el mismo o alguna de sus ramas; algunas veces se puede incluso sospechar la malignidad en función de dichas características.

La Ecografía abdominal y la Tomografía computarizada (TC) abdominal habitualmente son las exploraciones en las que se detectan estas lesiones (excepto cuando son menores de 5 mm). La Colangiopancreatografía por Resonancia Magnética valora con mayor detalle el conducto biliar y pancreático y presenta una mayor resolución, permitiendo orientar el tipo de lesión con mayor frecuencia, pudiendo identificar además lesiones de pequeño tamaño.

La Ecoendoscopia permite también la valoración de lesiones quísticas de muy pequeño tamaño con la ventaja de la realización de una punción y obtención del líquido intraquístico para estudio citológico y bioquímico (CEA y amilasa), aumentando la eficacia diagnóstica y pudiendo detectar el grado de malignidad.

Los Pseudoquistes pancreáticos suelen desaparecer solos, debiéndose vaciar (drenar) sólo si producen síntomas (dolor, sensación de saciedad precoz,…) o se complican (rotura, infección,…).

Se aconseja el drenaje guiado por Ecoendoscopia (permite valorar un lugar de punción seguro descartando por ejemplo la existencia de un vaso sanguíneo) a través del estómago o del duodeno. Si no está disponible la Ecoendoscopia, también puede intentarse realizar mediante endoscopia con la ayuda de la visión radiológica. Si fallan estos medios, se puede realizar un drenaje percutáneo (acceso desde la piel de la pared abdominal, realizado por el radiólogo) o quirúrgico. Y en ocasiones también se realiza en el mismo paciente colocación de un drenaje en la vía pancreática mediante una CPRE.

El tratamiento de los Tumores quísticos pancreáticos depende del tipo, de su potencial de malignización y del paciente (edad, existencia de otras enfermedades…).

En el Cistoadenoma seroso solo se indica su resección si causa síntomas, ya que no tiene riesgo de malignidad.

En cambio, los Tumores con riesgo de malignización, habitualmente requieren tratamiento quirúrgico, excepto si la lesión es de pequeño tamaño y sin datos de riesgo, pudiéndose realizar seguimiento periódico con Ecoendoscopia y Colangiopancreatografía por resonancia magnética.

En los Tumores malignos el tratamiento de elección es también la resección quirúrgica si no existe contraindicación.
Si no es posible la cirugía en los tumores quísticos malignos, el tratamiento es paliativo: quimioterapia y otras medidas para mejorar los síntomas (analgesia…).