¿Tendemos a ganar peso cuando aumentamos la edad?

¿Te sucede que a medida que pasan los años, te cuesta más el perder el exceso de peso que cuando eras más joven? De hecho, existe evidencia científica que tendemos a ganar peso cuando aumentamos la edad, lo que demuestra que nuestro cuerpo no responde de la misma manera a los esfuerzos para perder peso a medida que envejecemos. A continuación explicaremos varios motivos para que esto ocurra.

El proceso de envejecimiento es inevitable y ocurre en todos los órganos del cuerpo, es por eso que la edad, es un factor determinante en la ganancia de peso. En relación al metabolismo energético, existe una relación lineal inversa entre la edad y el metabolismo basal, es decir a medida que nos hacemos mayores, nuestro gasto energético en reposo es menor. Se estima que éste puede disminuir cada década en aproximadamente un 2,9% en hombres y 2% en mujeres, en aquellos que tienen un peso saludable (IMC : 18.5–24.9 kg/m2). Este descenso no es lineal, pero se estima que en los hombres se inicia a los 40 años y a los 50 años en las mujeres. Como resultado, existe una tendencia a ganar entre 500 gramos a un 1 kilo cada año, lo que puede llevar a casos de sobrepeso y obesidad.

Esto ocurre por varias razones:

  1. Un aumento del sedentarismo
  2. Una pérdida de masa muscular
  3. Aparición de cambios hormonales

Sedentarismo

Es un hecho que, una tercera parte de la población española por encima de los 40 años es sedentaria. Hay una prevalencia mayor en el sexo femenino. Las causas más frecuentes son las largas jornadas laborales de 8 horas, habitualmente sentado/a, lo cual implica poca actividad física, y labores domésticas y/o familiares, que consumen la mayor parte de las 24 horas del día dejando a un lado el tiempo necesario para ejercitarse o salir a dar paseos durante la semana.

“Siempre encontramos un repertorio de excusas perfectas para no movernos más”

Como consecuencia de esta inactividad física, existe el riesgo de desarrollar, aparte de sobrepeso y obesidad, más de 30 enfermedades y trastornos crónicos entre los cuales se pueden incluir: enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina, diabetes mellitus, enfermedad por hígado graso no alcohólica, hipertensión arterial, osteoporosis y osteoartritis, diferentes tipos de cáncer (y una muerte prematura).

Pérdida de masa muscular

A la pérdida de masa muscular relacionada con la edad, se la conoce con el término de Sarcopenia. Ésta empieza aproximadamente desde los 30 a 40 años, con una tasa de pérdida entre un 3% a 8% por cada década, y se estima que a los 70 años, tanto hombres como mujeres pueden llegar a perder hasta un 24% de masa muscular total. Hay que aclarar que esta disminución no es lineal, y no ocurre a la misma velocidad y edad en ambos sexos.

Esto es de gran relevancia, porque el músculo esquelético contribuye en gran medida a la oxidación (quema) de las grasas y es uno de los determinantes del metabolismo basal. Es decir, a mayor masa muscular, más “rápido” o eficiente será tu metabolismo, debido a que es un tejido muy activo y utiliza más energía (calorías). Este es uno de los motivos por el cual las personas mayores van requiriendo menos ingesta de calorías con el tiempo.

Como consecuencia de lo anterior, si los requerimientos energéticos exceden las necesidades individuales, es decir, “comemos más de lo que quemamos”, el balance será positivo hacia la ganancia de energía (calorías). Esta será en forma de grasa, y se acumulará especialmente a nivel de la región abdominal.

¿Cómo podemos aumentar el metabolismo basal?

Cambios hormonales

Hormonas de crecimiento y hormonas sexuales

El sistema hormonal también sufre cambios a medida que envejecemos. La Hormona de Crecimiento Humana (GH), que se produce en la glándula pituitaria, tiene entre sus funciones principales, el aumentar y mantener la masa muscular. A medida que desciende con la edad, se pierde este estímulo sobre el músculo, lo ocasiona una disminución en la masa muscular y en la cantidad de calorías que se pueden llegar a quemar.

Otras funciones que también se ven afectadas son la creación de nuevas proteínas y la movilización de las reservas de grasa acumulada.

Las hormonas sexuales inician su descenso hacia los 45 y 55 años. En la mujer, al cese de producción de estrógenos se le denomina menopausia. En el caso de los hombres, aunque el descenso de la testosterona ocurre de forma gradual hacia los 50-60 años, pueden presentar los signos y síntomas de la andropausia.

El descenso de estas hormonas sexuales, implica cambios metabólicos como la acción sensibilizante de la insulina (permiten que la insulina funcione mejor) y control del cortisol.

Cortisol

Estar bajo una presión continua, de carácter físico, mental o emocional, bien sea de origen personal, familiar o laboral, produce un incremento de los niveles de cortisol (hormona del estrés) en sangre. En situaciones concretas tiene acciones positivas en el cuerpo, pero cuando se produce en exceso y de forma mantenida, puede traer efectos negativos, especialmente en relación con el balance energético.

Por un lado, a nivel cerebral, desencadena una cascada de mensajes químicos que dan la orden de “ahorrar” energía para combatir ese “estrés”. Como resultado, terminamos comiendo en exceso y especialmente alimentos con alta densidad calórica (grasas y azúcares). Eso pasa porque esta hormona juega un papel importante en la regulación del comportamiento de la alimentación y en la apetencia por estos alimentos. Así, con niveles elevados de cortisol se puede “comer inducido por estrés”. Por otra parte, el cortisol, tiene acciones en el metabolismo de las grasas y los azúcares, para así, aumentar su producción y aumentar sus reservas a nivel abdominal, lo que llevaría a largo plazo a la resistencia a la insulina.

De todos modos, el cortisol no es la única hormona relacionada al estrés que puede aumentar las ganas de comer y hacernos aumentar de peso. Existe también la Ghrelina, una hormona que se produce en el fondo del estómago, que de forma fisiológica (natural) se aumenta en períodos de falta de energía (hambre o ayuno). Recientemente se ha descubierto que en estados de estrés agudo o crónico, también se eleva y modula el comportamiento relacionado con la comida asociado al estrés, al estado anímico y la ansiedad.

“el peso ganado relacionado con la edad, tiene mucho más que ver con nuestra actividad física realizada y la falta de restricción de calorías acompañada, que con el metabolismo o cambios hormonales”

En conclusión, no todas las personas desarrollaran un sobrepeso u obesidad con la edad, y esto es debido a que el peso corporal está fuertemente influenciado por nuestros genes, género, nivel de actividad física, hábitos alimentarios y enfermedades presentes.

“Los genes barajan las cartas, pero nuestros hábitos juegan el papel más importante” 

Dr. Jorge A. Otero Pareja
Especialista en Endocrinología y Nutrición de Clínica ServiDigest
Colegiado 50599 del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *